jueves, 17 de agosto de 2017

Prefiero cumplir 48 que 18, ¿por qué?

Ayer cumplí 48 años y viví ese día con mucha paz y alegría.
Hace 30 años cumplí 18, y no lo viví ni con paz ni con alegría.

No quería cumplir 18 (ni 19, ni 20, ni 21, ni 22...) porque sentía que no representaba físicamente tener esa edad y sobre todo porque me avergonzaba tener que reconocer que no tenía polola (entiéndase "novia", para mis lectores no chilenos), que nunca había estado pololeando y ¡que ni siquiera había dado un beso alguna vez en la vida! Como puedes apreciar, ser un JAMÁS BESADO no era motivo de orgullo para mí.

Permíteme retroceder un poco más en el tiempo.

Cuando tenía 14 años, una vez mi profesora jefe, en primero medio, conversó conmigo... y al oír mi visión sobre las mujeres, se asombró y me dijo que pensaba que me estaba saltando etapas. A ella le parecía raro que yo no quisiera tomar a las mujeres como objeto, y que no estaba dispuesto a jugar con la atracción sexual, como tantos a mi alrededor. En el fondo, para mí lo ideal era esperar hasta conocer a quien sería mi esposa.

En teoría eso sonaba bien, pero en la realidad cada vez se me hacía más difícil vivir en esa verdad, ¡principalmente cuando descubrí cuan atractivas son las mujeres!

¿Qué pienso hoy?

Pienso lo mismo que le he recomendado a muchos:

  • Que está bien esperar. Está muy bien, aunque la presión social sea gigante para que te amoldes a la mayoría.
  • Que me hubiera gustado que algún adulto me hubiera afirmado más en mis creencias, que tenían bastante sustento bíblico, por lo demás.
  • Que realmente no tenía porqué sentirme avergonzado. Al contrario, era un motivo para alegrarse y un signo de madurez y de respeto al prójimo (sobre todo "a las prójimas").
  • Que es sabio postergar la gratificación, es decir, que vale la pena reservarse lo más puro para el matrimonio 
  • Que es un mito que sea necesario tener más experiencias sexuales antes del matrimonio para triunfar en el matrimonio (te aseguro que la luna de miel será más dulce mientras menos experimentado seas).
  • Que esa edad era un buen tiempo para aprender a amar en situaciones no románticas, y para aprender bien cual es el diseño de Dios para el matrimonio, la familia y la paternidad.
  • Que estuvo bien haber priorizado por buscar la unidad espiritual y de alma, con quien habría de ser mi amada cónyuge, sabiendo que la atracción física vendría por añadidura.
Hoy tengo 48 años, y gracias a Dios tengo un precioso matrimonio, con mi amada Ruth.
Tenemos dos hermosos frutos, Samuel y Susana. Y espero que ellos sepan valorar el consejo de Dios y el ejemplo de su padre en esta área.

2 comentarios:

  1. Queeeee hermooooosooooo, y es por eso q tú y Ruth un ejemplo maravilloso q mi Sebastián conoció tan de cerca y a tiempo, cuanta preciosa gracia del Señor en lo q cuentas y a quienes has alcanzado.

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