sábado, 30 de octubre de 2010

Testimonio del minero José Henríquez


Doy gracias a Dios por haber conocido el testimonio de este minero que fue conocido como "el guía espiritual" en la mina San José.

Me impacta su fe en el Dios para quien no hay imposibles. Valoro su humildad y su disposición para ser testigo del Señor en circunstancias tan adversas. Sinceramente me gustaría ser como él.

Puede ser cierto que la prensa no lo persiga ni que lo llamen los programas de farándula, pero no hay duda de que lo que hizo es del agrado de Dios, y eso es lo que cuenta.

Recuerdo que en la entrada del 22 de agosto de este blog escribí lo que sigue:

¿Qué habría hecho yo si estuviese atrapado en la mina San José?
¿Habría contagiado a otros con mi fe o con mi desesperanza?
¿Habría adorado a Dios en al adversidad o me hubiese quejado?
¿Le habría predicado el evangelio a mis compañeros o hubiese callado?

Dicen que algunos de los 33 son cristianos. ¿Qué habrán hecho ellos?


Alabo a Dios porque hombres como Don José hicieron lo que todo buen hijo de Dios podría hacer en una situación como esa. A Dios sea la gloria.


Para leer el testimonio en Mundo Cristiano, haz clic AQUÍ.

viernes, 22 de octubre de 2010

Sobre la predicación de la Palabra

El tema de la predicación de la Palabra me ha estado inquietando.

Hace unas dos semanas le pregunté a un joven evangélico cuándo consideraba que una persona era un buen predicador (o cuando encuentra que una predicación fue buena). Él me respondió citando elementos como una buena oratoria, una buena contextualización y cosas así. Al pensar en esto considero que son aspectos más bien humanos, que hasta sin Cristo en el corazón se podrían alcanzar y desarrollar.

Estoy concluyendo que la erudición, o lo nuevo o interesante no son objetivos de la predicación que le agrada a Dios. Aquí también tengo que reconocer que muchas veces procuré esas metas al predicar. Por ejemplo, recuerdo que una de mis primeros mensajes versó en torno al tema de la esperanza cristiana. Al terminar, una hermana de esa iglesia en Quillota me dijo que había sido interesante aprender cosas nuevas, pero creo que ni ella ni yo fuimos tocados por el poder de Dios a través de la predicación.

¿Entonces qué puede distinguir a una buena predicación?

Creo que la respuesta apunta a una exposición de la Biblia, que glorifique a Dios (y no al predicador) y que sea recibida como Palabra de Dios... es decir, que se note que es Dios el autor del mensaje.

Dadas estas consideraciones, creo que la homilética es otra área en la que tenemos que revisar qué está de acuerdo con la voluntad de Dios y qué es sólo mandamiento de hombres.

Comparto el siguiente video de John Piper sobre el tema. Hace pocos minutos lo vi por primera vez, y me gustó tanto que me motivé a publicar mis notas en este espacio.

Santiago.

viernes, 15 de octubre de 2010

Gloria para Dios o gloria para el hombre


El domingo recién pasado una persona en la iglesia comentó:
"¡Buena la prédica!".

Yo le respondí:
"¡Es que la Palabra de Dios es buena!"

He seguido pensando en esto.
Comparto lo que sigue.

Es fácil robarle la gloria a Dios al predicar, cantar, sanar, liderar o hacer cualquier obra de bien.

Yo mismo he caído en eso al esperar buenos comentarios de lo que hecho o al depender de las opiniones de los demás, enfocándome de ese modo más en mí y en los otros, que en Dios.

"Mas el que se gloría, gloríese en el Señor;
porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo,
sino aquel a quien Dios alaba".
2 Corintios 10: 17-18

En adelante deseo buscar sólo la alabanza de Dios o mejor aún, anhelo que por sobre todas las cosas Dios sea alabado.

Creo que todo el que ejerce algún don, debe estar consciente que Dios es la fuente de ese don,
por lo que de ninguna manera es lícito atribuirse gloria personal.

¿Qué hacer entonces cuando la gente te alaba por lo que has hecho?
Redirige la gloria a Dios.

Si la predicación fue buena, que Dios sea alabado por ello, porque lo que hizo el predicador fue proclamar Su maravillosa Palabra.

Hace unos minutos le conté esta reflexión a mi esposa y ella me preguntó:
¿Y qué debe decir un músico cuando lo elogian por su interpretación?
Yo le respondí: Que aclare que Dios es digno de toda nuestra adoración.

La fama es una tentación muy grande.

Si es así, pienso que debiéramos cuidarnos unos a otros para no ser piedra de tropiezo, evitando alabar a las personas por lo que hacen, para no contribuir al aumento de su ego, de su orgullo personal.

Ahora,
¿por qué caemos en eso de alabar al hombre?
En parte me parece que se debe a la creencia que se tiene de que es bueno elevar la autoestima de los demás. Esto lo hacemos con los niños y también con los grandes, creyendo que estamos haciendo bien.

¿Pero quién dijo que eso es lo que Dios quiere que hagamos?
En la Biblia encuentro que tenemos que ser agradecidos, que tenemos que estimularnos al amor y a las buenas obras, pero no que inflemos el ego del hermano, tentándolo a que se llene de orgullo su corazón.

Creo que esto tenemos que revisar en nuestras prácticas eclesiásticas.

Por ejemplo, la moda de dar aplausos a los que cantan o a los que predican me da desconfianza.
Hasta a veces se piden aplausos unos a otros o si unos aplauden y otros no de dice: "Si va a aplaudir, hágalo para el Señor" (logrando con ello que aumente el aplauso). Puede que me equivoque con algunos que hacen esto, pero pienso que sería mejor no incluir este tipo de práctica en nuestras congregaciones.

Pensándolo bien, me parece más sana la tradición pentecostal de dar gloria a Dios después de que alguien hace algo en el culto. Pero desde luego la idea no es ir de una moda a la otra, o sea, no hacer algo por moda o tradición humana, sino porque Dios es el único digno de nuestra alabanza.

lunes, 11 de octubre de 2010

Quebrantamiento y esperanza

QUEBRANTAMIENTO
El año 2.000 participé como alumno en una Escuela de Consejería Cristiana en el Cencami
(Centro de Capacitación Misionera), allá en Laguna Verde, Valparaíso
.

En dicha Escuela se hizo bastante énfasis en la necesidad de estar quebrantado
delante de Dios.

Por más que busqué eso, nunca lo experimenté en ese entonces, pero sin buscarlo, en estos dos últimos años he experimentado un profundo quebrantamiento en todas o por lo menos en muchas áreas de mi vida.

Por ejemplo, con dolor he llegado a reconocer que no soy competente como pastor, como profesor, como marido, como padre, como líder, como ciudadano y como cristiano en general.

Me he declarado incompetente, incapaz, ineficiente, no apto, falto, débil o fracasado en todas y en cada una de esas facetas.

Si antes me consideraba bueno en algo o para algo, he llegado a dudarlo y más que dudarlo. Ya me di cuenta que no soy apto ni en lo que me creía más fuerte.

He sufrido con todo esto. Sin ir más lejos, a mediados de esta semana, gemía y gritaba ante Dios en oración frente a tanta incertidumbre.

Buscando en la Biblia, me vienen a la superficie al menos dos citas:

Las palabras de Jesús que dice "separados de mí nada podéis hacer" (Juan 15:5).

Y las palabras de Pablo que dice "no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios" (2 Corintios 3:5).

Podría decir que hace años conozco esos textos bíblicos, pero hoy más que nunca me hacen sentido.

ESPERANZA

Sencillamente hay cosas que no comprendo. No entiendo cómo puede ser que en una misma semana dude firmemente sobre mi vocación de pastor y de maestro, y que en los días siguientes sueñe proyectándome como profesor básico y como pastor.

La anterior es la descripción de esta misma semana: empecé muy mal pero terminé muy bien.

Me explico:

El cambio esperanzador lo empecé a vivir el sábado durante una jornada de capacitación en el área de las matemáticas. En resumen, me deleité soñando con la posibilidad de enseñar a desarrollar el pensamiento matemático en los niños. Y continué viviendo esa sensación esperanzadora al tener la bendición de poder predicar la Palabra en dos ocasiones en este día (en las iglesias ACyM Villa El Salitre y ACyM Villa Los Sauces).

¿Qué puedo concluir ante todo esto?
No estoy listo para las conclusiones, pero tengo la sospecha de que la crisis vocacional gracias a Dios se está dilucidando. Alabado sea Él.

domingo, 10 de octubre de 2010

.................................¿Sabio o necio?................................. .


Paso a contarte lo que recibí al leer y estudiar Proverbios 9:

1. Tanto la sabiduría como la insensatez llaman continuamente a los simples, a los inexpertos, a los faltos de cordura.

2. Creo que todos estamos de alguna u otra forma en la categoría de faltos de sabiduría, por lo que estamos expuestos a tales llamados.

3. La sabiduría quiere que deje la insensatez, que sea sabio y que tenga vida.

4. La insensatez quiere que sea necio, que me deleite en el mal y que muera.

5. Día a día debo decidir a quién oiré y a quien seguiré.

6. Debo estar consciente de lo que distingue a los sabios y a los necios.

7. Los necios no aceptan la corrección. Los necios responden con insultos y con aborrecimiento a quien los corrige o instruye. Los necios no tienen temor de Dios en sus vidas. Los necios sufren las consecuencias de su necedad.

8. Los sabios aceptan la corrección. Los sabios aman a quien les corrige y se vuelven más sabios. Los sabios tienen temor de Dios en sus vidas. Los sabios disfrutan las consecuencias de su sabiduría.

Dadas así las cosas, prefiero seguir el llamado de la sabiduría... ¿y tú? ¿Qué eres y qué quieres ser? ¿Sabio o necio?

viernes, 8 de octubre de 2010

:::::::___________Llamado al matrimonio_____________:::::::

Foto recuerdo de nuestra estadía en la Finca Él Renovará.

Este mes, más exactamente el 21 de Octubre, Ruth y yo cumpliremos gracias a Dios, 10 años de matrimonio.

Hace algunos días le conté a mi esposita esta reflexión que ella recibió con mucha emoción:

1ª Escena: Vi en un programa de televisión ("Diagnóstico") un reportaje en que una pareja de jóvenes, con un hijo, deciden separarse con suma facilidad al ver la difícil convivencia que llevaban.

2ª Escena: Me puse en el caso de ellos y descubrí que ante tales problemas yo no me separaría sino que lucharía por la salud de nuestro matrimonio. ¿Por qué? Porque entiendo que tengo un llamado al matrimonio.

La importancia de lo anterior reside en que, por un lado, me doy cuenta que sí tengo un claro llamado en esta área, por lo que de ninguna manera pensaría que sería mejor que otro ocupara mi lugar (como me ocurría en las crisis pastorales). Y por otro, pienso que es bueno y sano asimilar este concepto tanto en la gestación como en la mantención de un matrimonio.

Al ordenar estas ideas en esta hora, recordé las palabras de Jesús en Mateo 19:6 que dice
"... lo que Dios juntó, no lo separe el hombre"

¡Claro! Se debe tener claridad acerca de que si estamos casados es porque Dios nos unió... se deber tener seguridad de que somos uno por un llamado de Dios, y esa convicción tiene la fuerza suficiente para llevarnos a luchar en los momentos de adversidad matrimonial.

Anoche, mientras conversaba con Ruth en torno a mi crisis vocacional, recibí una llamada inesperada para invitarnos a dar un tema en una reunión de matrimonios el sábado 23 del presente en la VIII iglesia Alianza de Temuco. Agradezco a Dios y a los hermanos por esta oportunidad, y pienso que me gustaría compartir con ellos sobre lo que he expuesto en este post.

Así sea.
Santiago Castro Leguizamón.